En Qubit Estudio, siempre estamos analizando las tendencias de diseño que no solo tratan de captar la atención de diseñadores y consumidores, sino que también dejan leer entre líneas el rumbo del futuro de la interacción digital.
Una de las corrientes más fascinantes y en auge es el Glassmorfismo, un estilo que va más allá de la estética: es, en nuestra opinión, un entrenamiento visual para el mañana inmediato dominado por la Realidad Aumentada.
¿Qué es el Glassmorfismo?
El Glassmorfismo (del inglés Glassmorphism) es una tendencia de diseño de interfaz de usuario (UI) que se caracteriza por imitar la apariencia de un vidrio esmerilado o translúcido. Sus elementos clave son:
- Transparencia / desenfoque: Los objetos tienen una transparencia parcial y un efecto de desenfoque (blur) que permite ver el fondo a través de ellos.
- Bordes delgados y claros: Se utiliza un borde sutil para definir la «placa de vidrio» y evitar que se pierda en el fondo.
- Colores vivos: A menudo se emplea un fondo de colores brillantes para maximizar el efecto de transparencia.
- Jerarquía de capas: La clave es la sensación de superposición, con elementos que flotan como placas de vidrio sobre el fondo.
Más allá de la estética: el enlace con la Realidad Aumentada (RA)
La popularidad del Glassmorfismo no es casualidad; creemos firmemente que está acondicionando al usuario a un nuevo paradigma de interacción: la superposición digital sobre la realidad física.
Históricamente, el diseño de interfaz ha buscado a menudo la inmersión total, bloqueando el entorno del usuario. El Glassmorfismo, por el contrario, deja que el fondo respire. Al hacer que los elementos de la interfaz sean transparentes, obliga al diseñador a prestar una importancia renovada al fondo y el contexto.
En el mundo de la realidad aumentada, este «fondo» es nuestro entorno real. La realidad aumentada consiste en colocar elementos digitales (aplicaciones, notificaciones, información) encima del mundo tangible.
Así, el efecto de superposición del Glassmorfismo simula cómo se presentarán las interfaces en dispositivos futuros, actualmente ya presentadas como gafas.
Al acostumbrarnos a ver elementos flotando ligeramente desenfocados sobre un fondo que aún percibimos, el Glassmorfismo facilita la transición mental hacia interfaces que flotarán en el espacio de nuestro propio salón, calle u oficina. Nos prepara para procesar información digital sin perder el contacto con la realidad palpable que nos rodea.
Desde Qubit Estudio creemos que, a día de hoy, el Glassmorfismo se percibe a menudo como una simple elección estética. Algunos críticos señalan que su alta dependencia del contraste y el desenfoque podría no ser óptima en las pantallas más pequeñas o en ciertas condiciones de iluminación de los smartphones actuales.
Sin embargo, ahí reside la clave de su función como «preparación»: estas pequeñas incomodidades o la necesidad de un diseño de fondo más cuidadoso están forzando al consumidor a reajustar su percepción de la interfaz. Están aprendiendo a convivir con la superposición y a dar importancia al fondo, aunque este sea de momento solo un fondo de pantalla en su móvil.
Lo que parece una tendencia de moda es, en realidad, un cambio de paradigma visual sutil y progresivo. Nos está enseñando a ver los elementos digitales no como bloques sólidos, sino como ventanas de información que se posan sobre nuestro entorno. De esta forma, cuando la Realidad Aumentada se masifique y nos obligue a superponer el feed de Instagram sobre la mesa de la cocina, nuestro cerebro quizás ya habrá completado la primera fase de adaptación.